Una persona le estaba comentando a su amigo la experiencia tan horrible que había tenido en un hospital: 
—Imagínate como tenía que sentirme para irme del quirófano justo antes de que me anestesiaran.
—¿Qué es lo que pasó para que tomaras una decisión así? 
—Pues que el anestesista no paraba de decir que aquélla era una operación muy sencilla, que estuviera tranquilo, que miles de personas se operaban de lo mismo y nunca había complicaciones, que siempre había una primera vez y que vería como el miedo desaparecía, y más cosas por el estilo. El amigo estaba muy sorprendido y le dijo: 
—Chico, no lo entiendo. Yo hubiera agradecido mucho cuando me operaron de la rodilla hace un año que el anestesista me hubiera dicho las mismas palabras tan confortantes que te decía a ti.
—Tú no lo entiendes, no me las decía a mí, se las decía a mi cirujano.